Royals de ayer… Hoy… ¿Cómo sería si viviesen en esta época? (Parte 9)


Hola a todos y sean bienvenidos nuevamente a esta nueva entrega de “Royals de ayer… Hoy… ¿Cómo sería si viviesen en esta época?”, en esta su 9na entrega; acá les traigo a 2 damas sin duda interesantes y no exentas incluso de cierta polémica, especialmente con una de ellas cuyo supuesto origen a casi 2 siglos de su fallecimiento aún no deja indiferentes a muchos, especialmente en lo referente al tema del manejo del racismo y su relación con la realeza en Europa, me refiero a Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, mejor conocida sencillamente como la Reina Carlota; la otra dama es sin duda muy especial para mí, pues es la hermana menor de mi royal favorita: Alix, además de miembro de una de las familias reales para mi más interesantes y sobresalientes de la historia, la danesa, conformada por los reyes Cristian IX, su esposa Louise de Hesse-Kassel y sus 6 hijos, Federico, Alexandra, Jorge, Dagmar, Thyra y Valdemar, y de los cuales descienden buena parte de las principales familias reales europeas actuales; la segunda dama de la cual les hablaré es de hecho la 4ta de sus 6 hermanos y la segunda de las 3 hijas de los reyes daneses, quién sería mejor recordada por la historia como la madre del último Zar en gobernar en la Rusia Imperial antes de la revolución Bolchevique, Nicolás II, me refiero claro a la Princesa Dagmar de Dinamarca, mejor conocida tras su matrimonio como la Zarina consorte María Fiódorovna de Rusia.

Carlota, una reina mulata?…

Comenzaremos pues hablando de Carlota Sofía de Mecklemburgo-Strelitz, proveniente de la muy numerosa familia soberana del pequeño Ducado alemán Mecklemburgo-Strelitz, ella era la octava de 10 hijos, lo que se podría haber considerado un buen augurio de la también numerosa prole que Carlota traería al mundo unos años luego. A la edad de tan solo 17 años, su familia, a través de su madre y hermano mayor, se dedicó a buscarle una unión matrimonial adecuada para la joven y la consiguieron gracias a Augusta de Sajonia-Gotha, la madre del por entonces joven rey Jorge III de Gran Bretaña de 22 años, que a su vez había emprendido una búsqueda por toda Europa de una esposa adecuada para desposar  a su hijo, finalmente y tras varios rechazos la opción de Carlota llega a manos de Augusta que ve en la joven una dama con las cualidades que ella consideraba adecuadas para ser la esposa de su hijo y reina consorte de Gran Bretaña, así pues las familias de los jóvenes casamenteros (que de paso no habían tenido el placer aún de siquiera conocerse) acuerdan el matrimonio y Carlota es enviada a Inglaterra a casarse con su prometido Jorge. Cuentan las crónicas que fue un shock para el joven rey Jorge ver por primera vez a su prometida la joven duquesa Carlota, que según se cuenta no brillaba por ser precisamente la más bella de las mujeres, de hecho el “poco agraciada” habría sido la forma más amable de describir a la joven cuando ella y el rey se conocieron… de paso el mismo día de la boda; pese a ello al parecer Jorge con un gran sentido del deber y la responsabilidad siguió adelante con el matrimonio convenido desposando así a Carlota, a la larga sin embargo lo que podría haber pintado como un matrimonio real con más bajos que altos y donde la infidelidad real no habría sido nada de extrañar, Carlota y Jorge al parecer tuvieron un matrimonio feliz y armonioso que fue bendecido con 15 hijos y a una vida doméstica ejemplar que duraría casi toda la vida de Jorge III y le otorgarían a Carlota el respeto de su familia y de su pueblo.

Ahora en este punto es donde ya comienza a desvelarse algo de la polémica que empezaría rodear a la consorte de Jorge III y sus orígenes; lo de “poco agraciada” podría venir de los rumores y comentarios sobre las facciones de la reina, que pese a provenir de una familia de origen alemán, su apariencia no parecía ser la clásica europea, sino más bien denotar un origen étnico distinto, esto podría remontarse quizás a una antepasada de Carlota: Margarita de Castro, quien fuera descendiente del rey portugués Alfonso III y su amante, Mourana Gil, una mujer de origen morisco africano; sobre lo anterior el historiador Mario De Valdés y Cocom en 1952, comentó que en los retratos conocidos de Carlota, eran visibles en la reina rasgos más bien de “negro” y que fueron además notados por muchos de los contemporáneos de la reina, incluido su médico personal, el Baron Stockmar, quien en su autobiografía supuestamente la describió como un “rostro mulato de verdad, pequeño y torcido”; desde luego esto ha dado pie a encendidos debates entre estudiosos e historiadores sobre lo que podría implicar para la realeza europea, y en especial para la inglesa, que la tátara, tátara, tátara abuela de la reina Isabel II descendiera de un negro y que por ende corra sangre negra y no tan azul por las venas de los Windsor.

En sus notas Mario De Valdés y Cocom va aún más allá al afirmar que en la familia real existen referencias de la presencia de linaje asiático además del africano y que ello valida aún más profundamente que la Familia Real Británica, a través de su cabeza la reina Isabel II, sea con todo derecho la jefe de la Mancomunidad Británica de Naciones, algo de paso negado de plano por la familia real. Sea lo anterior verdad o tal vez el producto de una suerte de “teoría de la conspiración” fomentada por un incendiario historiador el punto es que ciertamente la apariencia de Carlota era particular y propensa a fomentar ideas donde el racismo y cierta intolerancia den pie a discusiones que tal vez a estas alturas poca relevancia tengan más allá de un sentido meramente anecdótico.

El retrato

Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, Reina consorte de Gran Bretaña, por Sir Nathaniel Dance Holland.

Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, Reina consorte de Gran Bretaña, por Sir Nathaniel Dance Holland.

De la Reina Carlota hay una importante muestra pictórica que abarca casi toda la vida de la consorte de Jorge III, pero para los efectos de la ilustración dedicada a Carlota me decanté por uno de sus retratos más bonitos en mi opinión, el realizado por Sir Nathaniel Dance Holland, uno de los retratistas ingleses más exitosos de la segunda mitad del siglo XVIII y cuyos retratos suyos de los reyes Jorge III y Carlota le hicieran muy conocido, en el retrato de medio cuerpo de la reina vemos a Carlota posando con expresión serena y luciendo un atuendo acorde a la época donde las pelucas empolvadas, trajes de ajustados corsés, finas sedas y escotes muy bajos además de un profuso uso de perlas como principales alhajas eran la norma en los retratos de corte de entonces, es allí donde podemos apreciar un poco el por qué a lo largo de los años han surgido rumores sobre los supuestos orígenes africanos de la reina, pues pese a que su tez es blanca, en los rasgos del rostro se aprecian ciertos signos que podrían parecer rasgos con cierta presencia africana, como una nariz un tanto ancha, boca grande, labios carnosos y contextura ósea más mulata que europea; pese a que ciertamente la apariencia de la Reina Carlota no era del común de las damas europeas de su tiempo yo no me atrevería a calificarla de fea tampoco, ciertamente no era una belleza pero tampoco era de las mujeres más feas que podrían haber existido entonces o incluso ahora, digamos que Carlota por no ser del común podría impactar en un primer momento (como le sucedió al propio Jorge III cuando la conoció) pero es ahí donde la belleza o más bien la falta de ella es compensada por una personalidad y una expresividad (se dice que la reina Carlota era muy expresiva) sin duda únicos, ahí es donde supongo yo es que radicó el encanto de la reina, que logró la para nada fácil tarea de lograr mantener por casi 60 años la fidelidad total de su marido, un hombre que como el rey que era podría haber tenido a cuanta mujer hubiese deseado, estuviese casado o no.

La Ilustración

Carlota!

Bien, traer a Carlota de Mecklemburgo-Strelitz del siglo XVIII a la actualidad tuvo sus propios desafíos, primero porque cuando decidí dedicarle a la reina una ilustración sabía que trataba con una dama que nunca fue calificada como bella, a diferencia de varias de las damas reales a las cuales he “retratado” en las ilustraciones previas dentro de esta serie de artículos, así que hasta cierto punto fue un reto para mí recrear en este siglo XXI a esta soberana a la que muchos han llamado la “Gran abuela de toda Europa” esto gracias a una de sus descendientes (específicamente a su nieta Victoria I) y lograr otorgarle una apariencia sino fabulosa al menos lo más agraciada posible, sin transfigurarla o hacerla irreconocible. Con la reina Carlota es bueno señalar que en lo referente a sus retratos la mayoría de ellos con muy puntuales excepciones siguen un patrón que recuerda al de otra soberana inglesa, esta del siglo XVI (Isabel I), cuyos retratos a lo largo de su vida casi siempre la reflejaron perennemente joven o cuando menos sin dar muchas señales del avejentamiento asociado con la edad, algo similar pasó con Carlota pues la gran mayoría de los retratos que se conservan de ella la muestran relativamente joven, salvo una notable excepción, la del retrato de la reina realizado por Thomas Lawrence en 1788, donde por vez primera se refleja la realidad de Carlota para entonces, quizás ya afectada física y emocionalmente por la enfermedad ya avanzada y degenerativa de su esposo Jorge III, esto lo acoto pues a veces es difícil dilucidar la edad de la reina para el momento en que se hicieron los retratos y muy especialmente cuando hablamos del retrato que sirvió de base a la ilustración que hice de ella y del que no logré conseguir información sobre el año en que fue hecho y con ello tener una idea de la edad aproximada de Carlota, pero en todo caso y basándome en la apariencia de la reina en el mismo yo le calculé una edad que podría estar entre los 20’s y los 30’s, ello me permitió hacerme una idea de que aspecto podría tener de vivir ella ahora en pleno siglo XXI.

Lo primero a considerar con el aspecto de Carlota en la ilustración era su atuendo, la mayoría de las damas reales ya “retratadas” las he enfundado en vestidos largos de alta costura pues siempre he querido reflejarlas exudando glamour y no necesariamente en el ámbito del común de las mortales, en el caso de la Reina Carlota me sigo manteniendo en la misma línea y para ello le he escogido un atuendo sin duda elegante. Cierto es que la moda creada por Cristian Dior ha influenciado por décadas a no pocos modistos, uno de ellos probablemente sea el diseñador de origen libanés Zuhair Murad que ha presentado algunos modelos inspirados en el trabajo clásico de Dior y de otros conocidos diseñadores, quizás el más representativo de estos trajes “inspirados en…” sea el traje incluido en su colección primavera 2009 y que fuese inspirado en un traje creado en 1949 por el modisto francés y que actualmente está permanentemente exhibido en el Museo del Traje del Metropolitan, que si bien ha sido tildado no por pocos de plagio o mala copia, yo en lo personal lo encuentro muy bello como un traje que homenajea la obra de Dior, pero bue… supongo que entre gustos y colores… En cualquier caso decidí vestir a Carlota con este vestido en color “nude” salpicado de lentejuelas plateadas y negras y en cuya falda se sobreponen en capas una suerte de pétalos que van creciendo de menor a mayor y que se despliegan en una amplia falda de línea “A”, en la cintura un ajustado cinturón ancho en dorado suave con un broche de pedrería y en la parte de torso tirantes anchos casi a modo de mangas cortas a la altura de los hombros y un escote en “V” salpicado de pedrería a juego con el resto del traje; en lo referente al peinado desde luego que descarto la peluca y le otorgo a la reina Carlota una cabellera castaña con algunos mechones cayendo suavemente a los lados del rostro, la misma está recogida en un moño de apariencia casual; hablando de alhajas me incliné por darle a Carlota joyas de diamantes notables que incluyen un choker compuesto por una fina cinta negra de la cual pende un prominente colgante, pendientes de grandes diamantes junto a los que completa el conjunto de joyas par de brazaletes de diamantes, uno con perla (a juego con el adorno del cinturón del traje) además de par de anillos, todos en platino y diamantes. Una Carlota quizás no demasiado bella pero si atractiva, de aspecto fresco y natural sin demasiada ostentación.

Minnie, de Dinamarca a Rusia con amor…

Entramos pues a hablar de la segunda dama real a la que le he dedicado la segunda ilustración del presente artículo, nacida con los nombres María Sofía Federica Dagmar de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, fue posteriormente conocida solo como la Princesa Dagmar de Dinamarca tras su padre Cristian IX ascender al trono danés. Dagmar a quien familiarmente todos llamaban “Minnie” fue, como ya se dijo, la 2da de las 3 hijas de sus padres y estaba especialmente unida a su hermana mayor Alexandra, quizás por esa tan especial relación entre estas hermanas que duró toda la vida de ambas así como por la enorme entereza que Minnie debió demostrar ante la tragedia de la dinastía Romanov con la caída del imperio ruso es que su figura, su personalidad y su recuerdo han sido especialmente entrañables para mí tanto como la sido mi especial aprecio por su hermana Alix, si bien debo confesar que esa admiración es también extensible hacia el resto de la familia real de Dinamarca de Cristian IX.

Minnie fue la segunda entre sus hermanos en comprometerse en matrimonio tras su hermana Alix y lo hizo nada más y nada menos que con el zarévich Nicolás o “Nixa”, hijo mayor del Zar Alejandro II, por tanto estaría destinada a convertirse en la zarina consorte de Rusia en un futuro, esto sin embargo se vio aparentemente truncado cuando Nixa falleciera inesperadamente antes de realizarse el matrimonio, lo cual devastó a la joven Dagmar que no solo había llegado a querer mucho a su prometido sino a también apreciar su futuro país adoptivo, sin embargo ya para entonces la joven princesa se había logrado ganar el corazón de sus suegros, especialmente del Zar lo que facilitaría el camino para que igualmente Minnie acabara igual siendo zarina consorte, pues terminaría comprometiéndose y luego casándose con el nuevo Zarévich, Alejandro o “Sasha”, hermano menor de Nixa; hay que destacar que si bien su esposo Alejandro no llegaría nunca a ser muy popular entre su pueblo, sería todo lo contrario su mujer Dagmar, conocida luego de su conversión a la fe ortodoxa y matrimonio con el Zarévich con el nombre secular de “María Fiódorovna Romanova”, desde un comienzo, la belleza, el carácter y la buena disposición de Minnie la harían muy popular en su país de acogida y entre su familia política, sería una emperatriz ejemplar durante toda su vida en Rusia, luego de su viudez y tras su posterior exilio luego la revolución bolchevique.

El retrato

Maria Fiódorovna Romanova (Minnie), por Ivan Nikolaevich Kramskoi realizado.1880

Maria Fiódorovna Romanova (Minnie), por Ivan Nikolaevich Kramskoi. 1880

Desde luego en materia de retratos de la zarina María Fiódorovna la lista es muy larga, no solo en cuanto a retratos pictóricos sino también en lo relativo a registro fotográfico, es probablemente una de las zarinas más fotografiadas de la historia pues existen imágenes de ella desde su temprana niñez hasta sus últimos años de vida, pero para los efectos del trabajo de ilustración obviamente debía tratar de buscar todo lo relativo a los retratos pictóricos de Minnie, desde sus primeros retratos como Gran Duquesa a los subsiguientes retratos ya como zarina consorte, de esos numerosos retratos opté por elegir quizás uno de los más conocidos de la entonces futura Zarina, el realizado por Ivan Nikolaevich Kramskoi realizado en 1880, 3 años antes de que ella y Alejandro III fuesen coronados Zares de todas las Rusias, cuando ella ostentaba aún el título de “Zarevna” y contaba unos espléndidos 33 años de edad. En este retrato apreciamos a una hermosa dama de expresión amable, esbelta figura y un magnífico porte que pareció ser resaltado aún más por todas las llamativas joyas de diamantes y perlas que destacaban su atuendo formal de Gran Duquesa de Rusia y que le auguraban un prometedor futuro no solo como consorte del Zar sino como madre y esposa devota.

La Ilustración

Una cautivadora Minnie…

Cuando decidí elegir a Minnie para dedicarle su propia ilustración me planteé un objetivo claro: debía hallar la manera de mantener la esencia de la dama inalterable pese a darle una apariencia completamente diferente a lo que se conoce de ella, desde luego que del dicho al hecho hay un innegable trecho que salvar y no puedo decir que ese iba a ser sencillo aunque tampoco consideré que fuese imposible de alcanzar, solo debía ser cuidadosa y meditar bien los pasos a seguir… bien fuera de todo el “dramatismo”, el asunto tampoco fue que se volvió épico, el siguiente paso crucial que debía dar tras elegir el retrato base era decidir el atuendo de Minnie y debo decir que tras sopesar mis numerosas opciones me incliné por la que a todas leguas parecía ser la ideal, al menos en mi apreciación personal, para la penúltima Zarina de Rusia: MARCHESA. Ciertamente no es la primera vez que recurro a Marchesa a la hora de “vestir” a mis damas reales pero creo que si ha habido una dama real a quien le pudiese lucir mejor el glamour, la delicadeza y la femineidad de la alta costura de Marchesa esa sin duda ha sido la Zarina Minnie; de la colección 2008 de Marchesa sale este precioso traje en rojo carmesí de estilo columnar y de drapeados sueltos cuya caída en el área de la falda parece abrazar la parte inferior del cuerpo lo que en si es la esencia del diseño de vestido, un poco más abajo del área del busto un pequeño cinto drapeado separa visualmente la zona del busto del resto del torso bajo el cual comienza la caída de la falda, el traje de un solo hombro se destaca además por un delicado adorno floral con rosas y capullos de diversos tamaños y de bajan desde el hombro hasta más debajo de la línea del busto, todo en el mismo tono rojo del resto del traje y del que pende una suerte de colgante de tela a modo de adorno un poco más abajo del hombro, este traje carece completamente de trabajos en pedrería o de detalles brillantes manteniendo el tono mate en toda la extensión del traje, lo que sin duda ayuda a resaltar el tono de la piel de la dama que lo luce. En lo relativo a las alhajas quise darle a Minnie joyas llamativas pero relativamente discretas si se comparan a como se usaban las joyas en la corte imperial de Rusia, en consonancia con el traje traté que todas las joyas combinaran el dorado del oro con el carmesí rojo de los rubíes pero evitando en la medida de lo posible no sobresaturar el conjunto, de ahí que las joyas más destacadas principalmente por su tamaño sean los pendientes de oro y rubíes que la dama luce en las orejas, a los que complementan una delicada cadena de oro con un dije redondo de rubí, par de brazaletes, uno en oro labrado, el otro con rubíes y un anillo también de rubíes. Pero como ha sucedido en otras ilustraciones probablemente el mayor cambio en la apariencia general de la Minnie del siglo XXI con respecto a su aspecto del siglo XIX esté centrado en el peinado que luce la dama, a diferencia de lo que fueron los peinados tanto durante su juventud como ya en la madurez (con recogidos parciales o totales o el uso de rizos apretados) la Minnie del siglo XXI se presente con una melena lacia y de largo medio que cae suavemente un poco más abajo del cuello, el cabello partido casi al medio cae levemente sobre parte del rostro lo que le da un aspecto probablemente aún más juvenil a la dama, en general se logró una apariencia que espero sin embargo no le haya restado ese particular encanto propio de la Zarina María Fiódorovna Romanova… la también inolvidable Minnie…  😉

Bueno espero que hayan disfrutado de estas particulares interpretaciones gráficas de estas 2 singulares damas, y como siempre… nuevas ilustraciones pronto, hasta la próxima!…

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3 comentarios

  1. Me han gustado ambos trabajos, en el caso de Minnie, personalmente no me convence el peinado, por lo demás, explendida, aunque no creo que hubiera renunciado a lucir algunas de sus joyas preferidas en diamantes o perlas. Repito , me gustó.

    • Muchas gracias elparaiso!… es cierto que Minnie se habría sentido extraña usando pocas joyas o joyas discretas tomando en cuenta la clase de joyero de los Romanov, pero en esta época quizás tantos joyones juntos hubiese sido contraproducente… con la ilustración me fui un poco a lo minimalista en cuanto a la cantidad y el tamaño de las joyas… aunque soy de las que piensan “mientras más joyas pues mejor” jejejeje… y en lo referente al peinado… bueno quise variar un poco la temática de los recogidos y experimentar con el estilo, y una melena corta y suelta no le hubiese quedado tan mal a Minnie tampoco. Gracias por comentar!…

      • Ella se adapto a Alejandro lll maravillosamente.Estaban enamorados y fue el único monarca de la época fiel a su esposa.Alejandro era de una manera de ser especial.No usaba las dependencias palaciegas ,vivía a lo rustico y solían comer en una habitacion casi pobre.A Maria esto no le supuso ningún agobio.Era feliz con su marido con el que se sentía segura

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